Dos veces ha sido Bruselas testigo de bodas reales con españolas como protagonistas. La primera, cuando Juana la Loca casó con Felipe el Hermoso en la catedral de Santa Gúdula de Bruselas. Juana era hija de los Reyes Católicos. Felipe el Hermoso era hijo de María, soberana de Borgoña, y de Maximiliano, emperador de Alemania, un gigante de 2 metros que con su fuerza hercúlea subía de un salto al caballo con su armadura de 15 kilos. María era muy guapa, Maximiliano había heredado de su madre polaca, Balburga de Mazovia, un antiestético mentón prominente que sería la marca de la familia Habsburgo durante siglos.
Es sabido que Juana la Loca dio a luz al futuro Carlos V en pleno cuarto de baño, cuando se disponía a defecar. Carlos, que nació de aquella boda bruselense, heredaría el feo mentón de su bisabuela polaca, y no era por ello capaz de cerrar la boca, por lo que al llegar a España por primera vez, procedente de su Flandes natal (hoy día tierra belga), un campesino español le espetó: “Cuidado, Señor, aquí las moscas son insolentes”.
La segunda boda real de una española en Bruselas fue la de la madrileña Fabiola con el rey Balduino de Bélgica, en 1960. La destinada a la mano de Balduino, que por aquella época quería ingresar en un convento (a pesar de su afición por los coches de carrera), era la tía del rey Juan Carlos. Quiso el destino que Fabiola le fuera presentada a Balduino al ser dama de compañía de la Infanta que le estaba destinada como esposa, pero Balduino prefirió la dama de compañía a la Infanta. Tras la boda, el cortejo real recorió los barrios donde se hacinaba la entonces numerosa comunidad de emigrantes españoles en Bélgica.
La boda de Letizia y Felipe es sólo un eslabón de una larga cadena de enlaces reales. Esta es la primera boda real en la que no resonará la marcha nupcial de Mendelhsson, pues el Papa ha ordenado que a partir de ahora no se toque dicha marcha durante una boda, permitiéndose únicamente música litúrgica. Se da la casualidad de que fueron precisamente los antepasados del príncipe Felipe quienes pusieron de moda dicha marcha.
Los tatarabuelos de doña Sofía, Federico Guillermo de Prusia y Alicia, hija de la reina Victoria de Inglaterra, eligieron que se tocase en su boda la marcha de Mendelhson para el inicio del acto y la “Recepción del rey Salomón a la reina de Saba”, de Haëndel, para el final de la ceremonia. De esta boda nacería Guillermo II, último rey de Prusia y Emperador de Alemania, bisabuelo de la reina Sofía y de Ernesto de Hannóver, marido de Carolina de Mónaco, y a partir de esta boda se pusieron de moda estas marchas nupciales a lo largo y ancho de Europa. Esta familia es especialista en crear modas, pues fue el padre de Alicia y abuelo del káiser Guillermo (y tatarabuelo de Juan Carlos), el príncipe Alberto, quien al casarse con la reina Victoria de Inglaterra puso de moda en toda Europa el árbol de navidad, al adaptarlo al Reino Unido desde su Sajonia natal.
Se cree que Letizia lucirá en la boda la llamada “Diadema del Káiser”, que ya lució Sofía en su boda con Juan Carlos (foto de la boda luciendo la misma). Esta diadema fue un regalo del emperador alemán a su hija, la abuela de la reina Sofía, para su boda en 1913 con Ernesto Augusto de Hannóver.
La abuela de Sofía, Victoria Luisa (en la foto con la famosa diadema), reinaría 6 años en el ducado de Brunswick con su marido Ernesto. Destronada en 1918, sería la última soberana federal
alemana en morir, en la navidad de 1980. En los años 30, Ribbentrop, ministro de exteriores de Hitler, trató de convencer a su Canciller de que restableciese la monarquía en la persona de Victoria Luisa, que por su energía e inteligencia haría un mejor papel que el hijo del depuesto káiser, el impopular Federico Guillermo.
La boda en que se lució la diadema que Letizia lucirá, fue preludio de desastres. Dicha boda reunió por última vez a Georgie, Nicky y Willy, como se llamaban entre ellos, primos hermanos que ocupaban los tronos de Inglaterra, Rusia y Alemania. A los pocos meses de la boda, los primos se declararon la guerra entre sí. Al estallar la revolución en Rusia, Georgie se negó a dar asilo en Inglaterra a su primo y amigo de infancia Nicky, abandonándole a una muerte segura. Nicky, Zar de Rusia, al enterarse, dijo a su hijo Alexis: “Me avergüenzo de Georgie y su país“. Moriría asesinado con toda su familia en un lúgubre sótano y dejando a su país con un régimen que asesinaría a 66 milones de sus súbditos, en lo que fue el mayor genocidio de la historia. Willy acabó depuesto y exiliado y no podría evitar la guerra que sus primos llevaban años preparando y que fue seguida por una catastrófica segunda parte. Georgie conservó su trono, pero no la honra.
La diadema que Letizia lucirá fue, pues, testigo de un evento singular, la boda que reunió a los protagonistas de una guerra mundial unos meses antes de que ésta estallase. 90 años después, los conflictos de Irak y Palestina constituyen un peligro para la paz mundial, pero en esta ocasión las familias reales se sitúan en un discreto segundo plano, lo cual no significa que no vaya con ellos.
Letizia y Felipe deberán ser conscientes de la responsabilidad que asumen ante España, de la manera que con tanto acierto enunció Nelson antes de la batalla de Trafalgar: “Inglaterra espera de cada ciudadano que cumpla con su deber”.

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