Entrar en el “Garage Celta“, el taller mecánico de Higinio Fernández, es realizar un viaje en el tiempo. Allí uno puede encontrarse con auténticas reliquias automovilísticas. Un Bentley, un Aston Martin-David Brown 5 (el coche que utilizaba el famoso James Bond en los años 70), un Jaguar Type-D (varias veces campeón de las 24 horas de Le Mans) o un coche de juguete de la casa Bentley diseñado para los niños ricos de los años 40, por citar algunos ejemplos. Se trata de vehículos antiguos, delicados y, sobre todo muy bellos, cuyo valor económico es incalculable. Dada su antigüedad, uno no puede creerse que funcionen, pero el caso es que lo hacen a la perfección.
Higinio Fernández lleva 30 años mimándolos para que así sea. La relación de este asturiano con los vehículos de ruedas no empezó con los coches, sino con las bicicletas: el ciclismo le trajo en los años 60 a Bélgica y a Francia para participar en varias carreras profesionales. Empezó a entablar amistades en este país y un buen día, cuando dejó de lado la bicicleta, decidió quedarse. En las épocas en las que no competía, trabajaba como mecánico, poniendo así en práctica la formación recibida en este ámbito en Alemania. Lo que deseaba era dedicarse a la mecánica de aviones, pero la entrada en Sabena (compañía aérea de Bélgica) le fue vetada por no ser belga. De modo que decidió trabajar en el sector del automóvil. Se propuso dedicarse exclusivamente a los coches que él denomina “de bella mecánica” y lo logró. Empezó preparando coches para competiciones (un Alfa Romeo y un Mini Cooper para el corredor Mark Smith, entre otros); después permaneció un año en el taller de Jaguar, trabajando también con el corredor de coches Claude Dubois en las 24 horas de Le Mans con un Type-D. Después entró en Ferrari, compañía en la que permaneció 7 años.
Los vehículos que Higinio repara son auténticas bellezas cuya puesta a punto ha de ser precisa y rigurosa. Él los desmonta pieza por pieza y los limpia, conservando sólo las partes que están en buen estado y sustituyendo el resto por otras nuevas. Esto supone un gran esfuerzo, ya que suele trabajar con vehículos antiguos que en ocasiones son modelos únicos, por lo que si no es capaz de encontrar una pieza debe fabricarla él mismo.
No es necesario ser un gran aficionado al mundo del automóvil para sentirse fascinado por los vehículos que pasan por el “Garage Celta” de Higinio Fernández . Muchos de ellos no son otra cosa que la materialización de los sueños de infancia de sus dueños. El niño que soñaba con el coche de James Bond se compraría hoy un Aston Martin igual que el del agente secreto. En otros casos el objetivo de los propietarios es mucho menos romántico, ya que los consideran como inversiones, algo lógico por otra parte si tenemos en cuenta que suelen costar verdaderas fortunas.
A Higinio Fernández le gusta su trabajo: “Es muy variado. Haces de todo: buscar piezas, hablar con los clientes, que suelen ser gente muy interesante… No hay un día parecido a otro”. Una ocupación agradable que deja con la boca abierta a todo el que visita a este artista del automóvil.
Redacción: María Domínguez
Documentación: Txema Muñoz
GARAGE CELTA: Rue de la Victoire, 62 - 1060 Bruxelles

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