El futbolín es un rectángulo de madera que generalmente mide 1,22 m. de largo por 61 cm. de ancho. Sobre el pintado campo de juego se sitúan 8 filas de jugadores fabricados con diversos materiales –generalmente plástico, madera o metal– montados en barras metálicas horizontales. Cada uno de los dos equipos que juega, controla cuatro filas de jugadores y, como en el fútbol, el objetivo es marcar el mayor número posible de goles en la portería del equipo contrario.
Pocas son las personas que no han jugado alguna vez a este “fútbol de mesa”, pero lo que no todo el mundo sabe es que el futbolín esta considerado como un invento español. Este juego fue ingeniado por el poeta gallego Alejandro Finisterre –pseudónimo de Alejandro Campos Ramírez– quien, con 17 años, estando herido en un hospital de Monserrat a causa de un bombardeo durante la Guerra Civil española, observó como en el centro sanitario había muchos niños que no podían jugar. Entonces “copió” la idea del tenis de mesa para fabricar un juguete que entretuviera a los menores durante su convalecencia, inspirándose en uno de los deportes más populares: el fútbol.
Finisterre encargó a su amigo Francisco Javier Altuna, carpintero de profesión, la fabricación del primer futbolín siguiendo sus indicaciones, pero no pudo conseguir que su invento se fabricara y distribuyera a nivel industrial porque las fábricas de juguetes estaban dedicadas a la creación de armas para la guerra. El poeta patentó el invento en Barcelona en enero de 1937, pero perdió los papeles de la patente durante su exilio en Francia.
Alejandro Finisterre vivió una etapa de su vida en Sudamérica, donde se hizo amigo del conocido poeta León Felipe. Allí introdujo las barras de acero en el futbolín y divulgó este juego por todo el continente. Durante esta época, el futbolín también se hizo muy popular en Europa, gracias a que los fabricantes valencianos al no aparecer la patente, comenzaron a fabricar y distribuirlo libremente, sin dar ningún tipo de crédito a su inventor.
En Alemania, no tienen tan claro el nombre del padre del futbolín, ya que aseguran que este juego fue creado por Broto Wachter, quien ya había comercializado su invento en 1930. La diferencia con el juego creado por Finisterre es que todos los objetos, incluídas las barras, eran de madera y los “jugadores” no tenían forma de muñecos sino que eran pequeños triángulos.
Aunque oficialmente no se le atribuye a nadie la invención de este popular juego, todas las fuentes apuntan a que efectivamente, Finisterre ingenió este campo de “fútbol portátil” a finales de los años 30 del siglo pasado.
Actualmente, existen numerosos futbolines diferentes: de juguete, de diseño, de madera, con marcador electrónico… Hay distintos estilos y modalidades de juego e incluso hay torneos y giras mundiales de futbolín (conocido en otros países como “foosball” o “baby-foot”). Lo que un día fue creado para mantener ocupadas las largas horas en un hospital, hoy es uno de los juegos que cuenta con más aficionados por todo el mundo y es raro entrar a un bar o una cafetería que no cuente entre su mobiliario con un futbolín.
Posteriormente a la publicación de este artículo, Alejandro Finisterre falleció en Zamora el 9 de febrero de 2007 a los 87 años. Sirvan estas letras como homenaje al inventor de uno de los juegos más populares de todos los tiempos.
Elena Durán

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