Casa BatllóSus cabellos claros, los ojos azules, las facciones finas y la piel sonrosada le hacían parecer nórdico, belga tal vez, al igual que otros grandes arquitectos como Victor Horta o Henry Van de Velde. Pero no sólo en el físico se encontraba el parecido entre ellos, también en la idea común de entender la arquitectura y el arte; un arte nuevo, o “Art Nouveau”, que a España llegaría bajo el nombre de “modernismo” y que germinó en la Barcelona de la “Renaixença”. Las artes a finales del S. XIX se encontraban en una etapa renovadora y confusa, en la que convivían y se entremezclaban tendencias muy diversas. En este contexto hay que situar precisamente a los padres del Art Nouveau, Horta y Van de Velde, quienes, a partir de la reinterpretación de unas formas ya conocidas, comienzan a hacer una arquitectura diferente, entendida como un todo integrador. Estas ideas fueron seguidas muy de cerca por Gaudí.

Antonio GaudíAntoni Plàcid Guillem Gaudí Cornet, según sus biógrafos nació en una población cercana a Reus, el 25 de junio de 1852. Fue un niño débil que, como él decía “había luchado por sobrevivir”, tímido e introvertido pero curioso y un gran observador de la vida y la naturaleza. Citando sus propias palabras “el gran libro, siempre abierto y que conviene esforzarse en leer, es el de la Naturaleza”. De ella tomó prestadas espirales, curvas y parábolas, hasta entonces impensables en arquitectura. Pero no la usó sólo como fuente de inspiración, sino también como un elemento que formaba parte de la obra. Se sirvió del sol para crear nuevos espacios y efectos pues, “la arquitectura es la ordenación de la luz”. Trasformó la naturaleza en geometría y las matemáticas en arte, Park Güellllegando a superar a su propia musa, la naturaleza. Por ejemplo, el Park Güell nace con la utópica idea de “ciudad jardín” de E. Howard y para ello conserva casi toda su flora. Proyecta cuevas, crea corredores que parecen naturales y edificios que parecen montañas, como La Pedrera. Funde lo nuevo y lo antiguo; lo original y lo tradicional; lo bello y lo útil; lo catalán y lo universa… Se basa en lo aprendido en el gótico, pero no se limita a imitarlo, sino que trata siempre de ir más allá. En algunas de sus soluciones se adelanta al surrealismo, al cubismo, al expresionismo o al constructivismo, sin participar en ninguna de estas tendencias. Es un trabajador incansable en la búsqueda de nuevas soluciones que lucha contra la gravedad y el espacio, invierte las bóvedas tradicionales para crear bóvedas colgadas como las de la Iglesia de la Colonia Güell. Tiene planteamientos novedosos y visionarios, como sus singulares maquetas colgantes hecha con hilos, cadenas y saquitos, cuyas figuras invertidas mediante espejos o fotografías le sirven para determinar la construcción de los arcos paraboloides.

La PedreraEn 1874 se matriculó en la Escuela de Arquitectura, donde estudió la obra de Viollet-le-Duc, de Ruskin y de Haeckel. Durante sus primeros años, las huellas de Gaudí parecen estar junto a la de varios arquitectos en Barcelona como en en los elementos decorativos de la gran cascada, rejas y farolas del Parque de la Ciudadela, firmados por el titular. En 1878 consigue el título de arquitecto y su trabajo comienza a dar frutos. El Ayuntamiento le encargan unas farolas para la Plaza Real de Barcelona y entre otros proyectos hace un expositor para la Exposición de París en el que se fija Eusebio Güell i Bacigapuli, su mayor mecenas.

Palacio Episcopal de AstorgaPoco a poco comienza a verse un estilo propio. Hacia 1880 fue designado arquitecto de la obra de la Sagrada Familia, y de la Casa Vicens. En esta década comienza los planos del Palacio Güell. Empiezan muchos proyectos como el Palacio episcopal de Astorga (ver foto) y la Casa de los Botines en León. En un tiempo récord, acomete obras en el Colegio Teresiano en Barcelona. En 1898, inicia las obras de su primer edificio de viviendas, la Casa Calvet. En los años siguientes emprende el proyecto de la Colonia Güell, la Catedral de Mallorca, la Casa Batlló o La Pedrera. Mientras tanto, en Barcelona estalla la Semana Trágica, pero pese a los acontecimientos políticos, él continúa incansable con su trabajo.

AzoteaAl morir Güell en 1918 sus obras se interrumpen aunque ya es reconocido como un gran arquitecto. Por aquel entonces sólo le queda terminar uno de sus proyectos, el más ambicioso: la Sagrada Familia. Por él renunció a encargos civiles y llegó a pedir limosna a la entrada de las obras muchas tardes para poder continuar con un proyecto que él mismo sabía que no iba a poder ver terminado.

No es posible separar la vida de Gaudí y sus obras. Sus creaciones son un reflejo de su persona y de sus ideas, es decir, las de un hombre religioso, reservado y austero, orgulloso de ser mediterráneo y catalán. Un hombre de personalidad complicada; tímido y trabajador. Sus edificios son un laberinto de símbolos e ideas tanto arquitectónicas, como artísticas, políticas y religiosas. En ellos encontramos escudos con las cuatro barras o esculturas en honor a Sant Jordi, patrón de Cataluña, símbolos religiosos y reminiscencias medievales, sobre todo del gótico tardío. Siempre incluyó figuras religiosas y llegó a amenazar con abandonar algunos proyectos cuando sus clientes no aceptaban sus propuestas en ese sentido.

Bancos del Park GüellEn cuanto a sus diseños, apenas utilizaba la línea recta, sus edificios están constituidos como obras flexibles y ondulantes que forman un todo continuo, muy al estilo de los modernistas. Considera sus obras como organismos flexibles cuyas partes tienen una función determinante del conjunto, comunicándose entre sí. Pone el mismo empeño tanto en el diseño de las fachadas de sus edificios como en las salas y lo éstas contenían pues concebía la casa como obra artística. Fuera de ellas cada pieza carecen de sentido. Cada obra se adapta a su entorno, a su contexto, los medios y el presupuesto de los que disponía y las funciones que iban a cumplir.

Sagrada FamiliaEl 7 de junio de 1926, con el proyecto de la Sagrada Familia a medias, un tranvía lo atropelló. Nadie podía suponer que aquel anciano que yacía en el suelo era Gaudí. Sin ningún documento, con su sencilla vestimenta y un libro de Evangelios como única pertenencia, fue ingresado en el hospital de la Santa Cruz. Al no regresar a su dormitorio en la Sagrada Familia, fue buscado por las casas de socorro y hospitales de Barcelona. Al día siguiente, la prensa publicó la noticia del atropello. Las personalidades más relevantes comenzaron a desfilar por el hospital: políticos, cardenales, obispos, arquitectos… El 10 de junio de 1926, moría en ese mismo hospital. Sus restos, como no podía ser de otra manera, terminaron enterrados el 12 de junio en la capilla del Carmen de la cripta de la Sagrada Familia.

La obra de Gaudí fue menospreciada y criticada por los racionalistas que no veían más allá de los ojos del cálculo y de la técnica. Sin embargo, sus métodos un siglo después, siguen siendo revolucionarios. Fue considerado como un loco. “Mis ideas son de una lógica indiscutible; lo único que me hace dudar es que no hayan sido aplicadas anteriormente” decía, pero hubo muchos que no le escucharon. Ya el Presidente del Tribunal de la Escuela de Arquitectura Elies Rogent dijo en su momento: “Hoy hemos dado el título a un genio o a un loco. El tiempo lo dirá”. Hoy el tiempo ha hablado y ha colocado a Gaudí en el sitio que le corresponde, junto a los más grandes arquitectos de la Historia.

Cristina Algarra