San Fermín 2007Pamplona es una ciudad corriente, no muy grande, con el encanto de esas tranquilas y verdes ciudades del norte de España que en otro tiempo fue reino. Pero de repente, un cohete irrumpe la tranquilidad, “El chupinazo”, y todo cambia durante una semana al año. Pamplona se llena de gente uniformada de blanco y pañuelos rojos, de toros, de bailes y conciertos… Del 7 al 14 de julio se celebran las fiestas de San Fermín. La ciudad es una gran fiesta, “es la Fiesta con mayúsculas, la Fiesta impregnándolo todo, la Fiesta como un gran animal incansable que abrazaba a toda la ciudad” como diría Ernest Hemingway, quien la dio a conocer al resto del mundo a través de su novela “Fiesta” (1926). Desde entonces todo el mundo sabe que cuando llega el 7 de julio a Pamplona hay que ir.

cartelPero el origen de las fiesta es mucho más antiguo. Hay que remontarse al siglo III para encontrarnos con el futuro santo Fermín, siendo educado por Honesto, un discípulo del obispo Saturnino enviado a la Pamplona de aquel entonces. San Fermín comenzó a predicar a los 17 años y en poco tiempo era ya el primer obispo de Pamplona. Por este motivo, la capital celebra su festividad de forma especial. No es el patrón de la ciudad, como muchos piensan, pues este privilegio recae sobre San Saturnino sin embargo es él el que se ha llevado todos los honores de esta fiesta tan conocida de Pamplona.

San Fermín empezó a predicar por Francia y a obrar milagros: devolvió la vista a un ciego, sanó leprosos, paralíticos y endemoniados. Pero el gobernador Sebastián, para poder recuperar el culto a Júpiter y Mercurio, ordenó que Fermín fuera ajusticiado, encarcelado y finalmente decapitado con un sable. En recuerdo a su martirio, los pamploneses lucen “el pañuelico” rojo anudado al cuello durante las fiestas.

Los documentos históricos que atestiguan el culto a San Fermín en Navarra datan del siglo XII. El calendario litúrgico fijó la fecha de la fiesta religiosa en octubre como recuerdo de la entrada de San Fermín en Amiens pero en 1591 los pamploneses, cansados del mal tiempo, decidieron trasladar la fiesta al 7 de julio.

La fiesta, en un principio sólo religiosa, de San Fermín, se fue completando con el tiempo con otros actos populares. Empezaron a llegar músicos, danzantes, saltimbanquis y gigantes para tal fecha y se celebraban torneos, encierros y toros. Poco a poco el toro se fue erigiendo como el protagonista de la fiesta, junto con las peñas, la comparsa, la música… pero los pamploneses no se olvidan del Santo y conservan el culto a San Fermín con tres grandes ceremonias religiosas: las Vísperas Solemnes cantadas en honor al Santo el día 6 y cuya tradición data del siglo XV, la Procesión del 7 de julio seguida por gigantes, gaiteros, clarineros, timbaleros, escoltas, representantes de las peñas, de los gremios históricos… y la Octava, que se celebra el 14 de julio.

corridaPero el encierro es, sin duda alguna, el acto más popular. La “entrada”, como se denominó al principio, era el único modo de trasladar las reses desde las afueras de la ciudad hasta el coso taurino, situado en la amurallada capital navarra en el siglo XIV. A falta de otro medio, un caballista abría una comitiva en la que podían participar otros jinetes que guiaban a los toros. Poco a poco se fueron uniendo gentes del pueblo y empezaron a conformar los primeros grupos de corredores. Aunque en varias ocasiones se prohibió correr delante de los morlacos los adeptos se iban multiplicando hasta que lograron en 1867 la publicación del primer bando con la reglamentación que los corredores tenían que respetar, regulando así la actual tradición. El encierro se aprobó definitivamente en 1876. La peligrosa carrera se celebra todas las mañanas del 7 al 14 de julio antes de que los mozos con un “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición” se encomienden al Santo. Una vez finalizado el encierro, la plaza de toros cobra protagonismo con la suelta de vaquillas emboladas. Todo el mundo puede participar en el encierro, desde los “guiris” que ven por primera vez un toro, hasta “los profesionales” de las corridas o “divinos”, Pamplona 1961personas que se preparan durante todo el año para esta carrera de tres minutos, una figura cada vez más extendida, aunque no por ello querida por los pamploneses, pues en busca del protagonismo, en ocasiones, no duda en propinar un bueno codazo a aquéllos más inexpertos que se les topan en el camino.

Sin embargo, tras los toros sigue la fiesta en la calle. Conciertos, fuegos artificiales y desfiles animan la ciudad durante toda la semana, hasta la noche del 14 de julio. Esa noche con una vela en la mano, la cara afligida, al son “Pobre de mí” y con la mente en el año próximo, se acaba Sanfermín.

Cristina Algarra