BanderaCeuta, perla del Atlántico, una de las ciudades españolas enclavada en el Norte de Africa, es una gran desconocida para muchos. Eso de tener que coger un barco desde la Península para pasear por sus calles echa a muchos para atrás, aunque lo de saberse “en otro continente”, tiene su gracia.

Don Alejandro Correa de Franca, ilustre historiador, nos cuenta en su “Historia de Ceuta”, manuscrita hacia 1750, que fue fundada nada menos que por los descendientes de Noé, 203 años después del Diluvio. Muchas pruebas de ello no hay. Sí que sabemos en cambio, gracias a los numerosos vestigios que conserva el subsuelo ceutí y a los hallazgos arqueológicos submarinos, que por Ceuta pasaron muchos pueblos de la Antigüedad: cartagineses, romanos, vándalos, godos… antes de recibir a bizantinos, bereberes, portugueses y finalmente españoles.

De ahí sus distintos nombres. Exilissa o “principio de la hermosura”; Abyla para los romanos; Eptadelphos en griego o Septem Fratres en latín, como se la conocía en la tardía Antigüedad, es decir, “Siete hermanos”, en alusión, según se cree, a las siete colinas sobre las cuales fue fundada, como muchas otras ciudades importantes.

CeutaBasándonos en las crónicas de muchos historiadores –como el “periplo massaliota”, que cuenta el recorrido que por las costas hispánicas hicieron en el siglo VI a. JC. unos griegos de Massalia (la actual Marsella)– podemos afirmar que Ceuta es una de las ciudades más antiguas del Freto Hercúleo, hoy Estrecho de Gibraltar.

En el 500 a. JC, Ceuta es refugio de las galeras cartaginesas de Hamílcar. En el siglo I de nuestra era, los romanos la declaran “civitas romanorum”. En el 492, la arrasan los vándalos de Ginserico, que cruzan desde allí el Estrecho de Gibraltar. En el 533, la conquista el emperador bizantino Justiniano, denominándola “Vestíbulo del Imperio”. Aunque la presencia de una comunidad cristiana en Ceuta data del siglo IV: de esa época se conservan un edificio basilical y objetos con motivos cristianos. El templo dedicado a la Theotokos (Madre de Dios) se edificó en el mismo solar donde se encuentra la actual catedral de Ceuta, que ya era iglesia antes de la ocupación musulmana, según fuentes como Ali Bakri, historiador del siglo XI.

Al asentarse los godos en la península ibérica, Sisebuto consolida el dominio de ambas orillas del Estrecho hacia el 616: Ceuta se incorpora así al reinado visigodo y se convierte en la capital de la “Hispania Transfretana”, es decir, de la Hispania de “más allá del Freto”, del Estrecho.

CeutaUn siglo después tiene lugar un pasaje fundamental de nuestra historia, a raíz del cual España cae bajo la dominación del Islam durante 7 siglos: la famosa “traición del conde don Julián”, que cantan los romances, atribuyendo la causa de la traición a un ultraje del rey Rodrigo a la hija del conde, ultraje consentido según Rodrigo. El origen del conde nos está muy claro: unos afirman que se trataba del último mandatario bizantino; otros, que era un noble visigodo; para otros, era un caudillo bereber de origen africano. Lo que es cierto es que era uno de los hombres de confianza de Witiza, penúltimo rey godo. El conde y el arzobispo don Opas encabezan un grupo de notables visigodos, partidarios de la rama de Witiza, rey anterior a don Rodrigo.

Así empieza pues la invasión musulmana de nuestra tierra: estos “nobles” visigodos acuden a los bereberes para derrocar al rey Rodrigo, y rinden Ceuta a los musulmanes, facilitando el paso a la Península, en el 711, de un contingente de unos 17.000 bereberes y norteafricanos, a cuyo mando va Tariq. Los invasores sólo pretendían saquear los territorios hispanos y apropiarse de sus riquezas. Pero la victoria obtenida en Guadalete contra las tropas de Rodrigo y la desaparición del rey hacen que cambien de planes: Tariq conquista la Península y acaba con el reino visigodo.

Abderramán III constituye posteriormente Al-Andalus y los Omeyas cordobeses toman Ceuta en el 931. En 1083 es conquistada por los Almorávides.

CeutaEn 1415, la casa portuguesa de los Avis reconquista la ciudad de Ceuta para la Cristiandad. En 1580, después de que el rey Manuel de Portugal desapareciera sin descendientes en la batalla de Alcazárquivir, Felipe II se convierte en rey de España y Portugal. Cuando en 1640 ambos reinos vuelven a separarse, Ceuta, por plebiscito popular, decide seguir siendo española.

En 1694, el sultán Musley Ismail la somete a un sitio de 30 años, y en 1704, la armada anglo-holandesa, mandada por el príncipe de Amsterdam, intenta hacerse con la ciudad: en ninguno de los dos casos logran los atacantes el objetivo perseguido.

Ceuta ha sido codiciada por distintos pueblos y culturas. Aun en nuestros días es reclamada por nuestro vecino Marruecos. La visita que recientemente han hecho a esta ciudad los Reyes de España ha abierto de nuevo esta falsa polémica. Sólo con echar un vistazo a la Historia, como hemos tratado de hacer en estas líneas, cualquiera puede comprobar lo absurdo de esta reivindicación, tan absurda como sería la de Toledo, por poner un ejemplo, o la reivindicación por parte de España de la ciudad de Tánger, con la excusa de que era la capital visigoda de la Hispania tingitana: la “fidelísima, siempre noble y leal” ciudad de Ceuta, título que le otorgó en 1656 Felipe IV, fue musulmana, igual que el resto de la Península durante la invasión del Islam, por imposición, y no por libre decisión, y es y se siente tan española como la que más. El hecho de que se encuentre en territorio africano, que no marroquí, no cambia ni un ápice de esta realidad.

El equipo de Hispagenda