Cuenta la leyenda que en un lago cercano a la ciudad de Silca, provincia de Libia, vivía un dragón que tenía atemorizados a los habitantes de la región. Para mantenerlo lo más alejado posible de las murallas del pueblo, los habitantes le daban cada día dos ovejas, hasta que se dieron cuenta de que si seguían a ese ritmo se quedarían sin ellas y morirían de hambre. La única solución que encontraron fue entregarle a una persona cada día, elegida al azar y sin excepción; es decir, que el rey y su familia también participaban en este “original” sorteo. Un día, la elegida fue la princesa y el rey ofreció todas sus riquezas y la mitad de su reino a cambio de la libertad de su única hija. Los habitantes del pueblo no lo aceptaron: llevaban tiempo viendo morir a sus seres queridos y ni el oro y la plata podía recompensarlos. Lo único que aceptaron fue que se retrasase la entrega una semana. Durante esos siete días de espera, en los que el rey no paró de llorar y lamentarse, San Jorge tuvo tiempo de ir a caballo hasta el lago. Estuvo a punto de echarse atrás, vencido por el miedo, pero hizo la señal de la Cruz y se llenó de valor. La princesa le dio al caballero su corona para que pudiese ponerla alrededor del cuello del dragón y llevarlo al pueblo como si de un perro con correa se tratase.
San Jorge, predicador del cristianismo, pidió a la población, unas 20.000 personas, que se convirtiesen y a cambio, mataría al dragón. Se bautizaron, todos incluido el rey, y el héroe acabó con la vida del aterrador monstruo, clavándole su espada. En el lugar donde cayó el cuerpo de la bestia, el rey construyó una iglesia bendecida por la Virgen María y San Jorge. Del altar surgió una fuente con agua milagrosa que curaba a los enfermos que de ella bebían. Finalmente, el rey, feliz por haber conservado a su hija, ofreció una enorme cantidad de dinero a San Jorge, que lo rechazó, pidiendo que se repartiese entre los pobres.
La mayoría de historiadores coincide en que San Jorge fue un soldado romano, nacido en Capadocia, Turquía, en el siglo III , muerto a principios del IV siglo en la actual Lod de Israel.
La figura de San Jorge está ligada a la historia de Aragón desde que se apareció en la batalla de Alcoraz, cuando Don Pedro asedió Huesca, que estaba en poder de los musulmanes; tras este episodio la divisa de la cruz de San Jorge (cruz roja sobre fondo blanco) se convirtió en la de Aragón, añadiéndole las cuatro cabezas de moros. Actualmente, el Gobierno de Aragón está debatiendo si esas cuatro cabezas, que representan la Historia de la comunidad, deben ser retiradas para no ofender a los inmigrantes musulmanes.
Aragón celebra el día de su patrón el 23 de abril, que coincide con el Día Mundial del Libro, por lo que los aragoneses suelen regalarse un libro.
Estos últimos dos años, como remedo a la tradición catalana de regalarse una rosa el día de San Jorge, varias librerías zaragozanas han regalado matas de borraja (verdura típica de Aragón: el 90% de la producción española procede de esta región) por cada libro comprado.
Clara Pardo

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