berrocal-dali-1972.jpgCuántas veces de pequeña habré oído el nombre de Miguel Berrocal, cuántas veces habré pasado por delante de la puerta de su casa, cuántas veces habré visitado la exposición permanente en la Asociación Amigos de Berrocal, en visitas organizadas por el colegio. Los niños de Villanueva de Algaidas saben de la existencia de Miguel Berrocal, al igual que lo sabía yo en su momento, pero lo que no saben es que detrás de ese nombre, detrás de las blancas paredes de esa enorme casa se oculta uno de los artistas más importantes del siglo XX.

Ha tenido que pasar el tiempo, incluso salir de España, para darme realmente cuenta de lo importante que es Berrocal en el mundo del arte. Acostumbrada a verle pasear tranquilamente por las calles de nuestro pequeño pueblo, por el que se dejaba ver muy a menudo, sobre todo en su última etapa, no podía imaginar en mi mente de niña que tenía en frente a un genio que se había codeado con personajes de la talla de Picasso, había sido amigo de Dalí o había expuesto su obra en los museos más importantes del mundo.

Nació un 28 de septiembre del año 1933 en Villanueva de Algaidas, un pequeño pueblo de Málaga, del que salió siendo muy joven para labrarse una buena carrera profesional. Madrid fue su primer destino y donde por primera vez dio rienda suelta a su amor por el arte en general y la escultura en particular. Pronto acabó con el deseo de sus padres de que siguiera la tradición familiar y estudiara Medicina. Sus planes de futuro iban más allá. La capital de España presentaba a Berrocal una amplia gama de posibilidades que lo acercaban a ese mundo bohemio del arte al que él tanto anhelaba pertenecer. Se matricula en Arquitectura y pronto frecuenta las clases nocturnas de dibujo en el Círculo de Bellas Artes, sigue cursos por libre en la Escuela de Artes Gráficas, el estudio del pintor Gutiérrez Navas y asiste a la Escuela de Artes y Oficios a los cursos del escultor Ángel Ferrant.

goliath_2.jpgEspaña empezaba a quedarse pequeña para un hombre con tanta amplitud de miras, así que gracias a una beca se va a Roma y años más tarde, gracias a otra beca, fija su residencia en París, donde fue discípulo de Pierre Canivet. No obstante, fue Verona la ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida.
Berrocal se atrevía con todo, sus primeras exposiciones fueron de pintura, aunque siempre se había interesado por la escultura y en concreto por una escultura desmontable que pudo llevar a cabo y que hoy por hoy hace que su obra sea compleja, llamativa, perfecta e inimitable. Berrocal consigue que el espectador se adentre en el mundo de la construcción y de su contrario, ya que algunas de sus obras pueden ser desmontadas y montadas por los espectadores, que se dan cuenta así de que su obra es más que escultura.

Chillida ha sido uno los escultores que más ha influido en la obra de Berrocal. Los temas clásicos son los que más utiliza: torsos, cabezas o figuras reclinadas. Recurre al antropomorfismo para evitar un resultado muy geométrico o abstracto. Es evidente la impregnación de las matemáticas o la arquitectura en sus obras.

Su estilo es de inspiración helénica y barroco y el material principal de sus esculturas es el bronce. Entre sus obras más significativas destacan Les Amants, La Menina II o Le Grand Torse. Quizás una de las más conocidas sea el busto de Goya, estatuilla que se entrega en los premios de la Academia Española de Cine. Algunas de ellas las podemos ver en su museo en Villanueva de Algaidas.

f_berroc1.jpgSu primera exposición se celebró en la Galería Xagra de Madrid en 1952, a partir de ahí su carrera fue espectacular. En más de sesenta años de trabajo ha conseguido realizar unas 600 obras entre esculturas, obra gráfica, diseños, prototipos y modelos. Su obra está presente en los principales museos e instituciones, tanto europeas como americanas, que avalan así el talento de Berrocal.

Siempre llevó con él su blanco pueblo al que tanto le gustaba ir y al que se trasladó en 2004, dónde abrió su nuevo taller. Allí permaneció hasta que el 31 de mayo de 2006, se despidió de todos nosotros, como todos los grandes, en plena actividad creativa. Nos ha dejado su obra como legado.

Una plaza y un colegio con su nombre se quedan cortos para un hombre tan grande como él, pero no nos podemos olvidar de que es un humilde pueblo de apenas 5.000 habitantes. Si tuviera que describirlo diría que modesto, amable y sobre todo discreto. Cuánto me hubiera gustado compartir alguna conversación con él. Sólo espero que los niños algaideños, cuando crezcan, se den cuenta de quién fue y se sientan orgullosos, al igual que yo me siento, de decir que Miguel Berrocal fue paisano nuestro.

Cristina Cívico