De todos debería ser sabida la importancia que tuvo la batalla de Bailén en la Historia de España, no tanto porque fuera decisiva para la victoria en la Guerra de Independencia, que llegaría en 1814, sino porque supuso la primera derrota de Napoleón en el campo de batalla; una derrota que quizás nunca llegó a aceptar, puesto que aparece recogida en el Arco del Triunfo de París, supuestamente entre las batallas ganadas por el emperador francés. Por ello resulta difícil entender la ausencia de nuestro Rey en los festejos organizados con motivo del bicentenario de lo que fue ejemplo de valor y patriotismo del pueblo de Bailén y de los soldados españoles.

c_bailen.jpgLos antecedentes de esta batalla se remontan a junio de 1808, momento en el que los franceses llegan a Andalucía. Tras conquistar Córdoba, se dirigen a Andújar, punto estratégico que les permitirá controlar el resto del territorio andaluz.

Para entonces, el General Castaños ya había organizado un ejército en Sevilla, con los regimientos disponibles y los voluntarios que se presentaron, que se reunirá con el ejército de Granada en Porcuna, con órdenes de detener al ejército francés en Andújar.

Así, el 15 de julio la situación era la siguiente: Dupont, al mando de las tropas invasoras, en Andújar, con refuerzos de la división Vedel; Castaños en Arjonilla combatiendo contra las tropas francesas; el marqués de Coupigny, en Villanueva de la Reina, tras conseguir expulsar a los dos batallones franceses allí apostados, y el general Reding en Mengíbar.

Cuando llegan los franceses a Bailén se encuentran con que los españoles no la han ocupado, pues según declaran los habitantes del pueblo, estos habían seguido su camino hacia Despeñaperros.

Puede que realmente los paisanos viesen algún destacamento partir en aquella dirección o que simplemente engañaran a los franceses: en cualquier caso, Bailén quedaba sin tropas francesas, lo que permitió a las tropas de Reding y Coupigny entrar en la ciudad el 18 de julio sin problemas. A la mañana siguiente, Reding comienza la marcha hacia Andújar para enfrentarse a Dupont; no obstante, este ya iba de camino a Bailén, por lo que ambos ejércitos se encontrarán en las afueras de la ciudad. Decisiva aquí será la rápida reacción del español, que consiguió desplegar sus tropas a tiempo.

Dupont se vio sorprendido por un preparado ejército que atacaba de frente, mientras que dos divisiones dirigidas por Castaños amenazaban la retaguardia. Esta situación le llevó a precipitarse e iniciar el ataque sin esperar los posibles refuerzos, que lamentablemente para el francés, no llegaron a tiempo. A partir de aquí se sucedieron numerosos combates, en los que los españoles, no sin esfuerzos, consiguieron debilitar al ejército enemigo, hasta que Dupont no tuvo más remedio que capitular.

Seguirán entonces tres largos días en los que se discutirán las condiciones para la rendición, no demasiado perjudiciales para los franceses; aunque poco tuvo que ver lo que se acordó en un primer momento con lo que finalmente se concedió. La idea era devolver a los prisioneros a Francia; no obstante, una vez llegaron a Cádiz, los soldados fueron retenidos en los insalubres pontones gaditanos. Tras meses de espera, un grupo de ellos fue enviado a las Islas Canarias, donde muchos consiguieron reinsertarse en la sociedad; sin embargo, la gran mayoría, alrededor de 14.000 franceses, no tuvieron tanta suerte y fueron a parar a la Isla de Cabrera, de dónde sólo la tercera parte saldrá con vida.

bellido.jpgEn cuanto a los altos mandos, sí que volvieron a Francia, donde sufrieron las consecuencias de sus actos: para Napoleón la rendición era un acto de cobardía y una deshonra para la patria, por lo que tanto Dupont como Vedel fueron condenados en consejo de guerra.

Hasta no hace mucho, se pensaba que España había vencido, entre otras cosas, porque era muy superior en número de combatientes, pero no era así: Dupont pidió que se exagerara el número de soldados del ejército español para que así la derrota francesa no fuese tan humillante.

Lo cierto es que la superioridad española provenía de la indudable visión estratégica de sus altos mandos y de la acción de los propios habitantes de Bailén, no sólo de aquellos que combatieron como voluntarios, sino también de los que ofrecieron sus propios hogares como “hospitales” y recorrieron el campo de batalla con cántaros de agua, mitigando la sed de los soldados españoles, una suerte que no tuvieron los franceses (tengamos en cuenta que el 19 de julio de 1808 fue un día especialmente caluroso, con temperaturas cercanas a los 50º, condiciones que hicieron mermar las fuerzas de los contendientes).

Notable es la historia de María Luisa Bellido, a quien una bala rompió el cántaro que portaba cuando se disponía a ofrecer agua a Reding; sin embargo, esta, en vez de asustarse, recogió uno de los trozos del suelo donde aún quedaba algo de agua y se la ofreció al general. Por esta acción, será reconocida como una auténtica heroína, aunque posiblemente se trate de un personaje ficticio, mera representación del pueblo de Bailén.

La batalla de Bailén fue pues la primera derrota que sufrió el Imperio de Napoleón, y aunque significó un importante triunfo para el pueblo español, no fue decisiva para el final de la guerra. Lo cierto es que, tras esta victoria, el ejército de Andalucía tenía el camino libre hasta Madrid, pero, lamentablemente, entre los festejos y las rencillas que volvieron a resurgir entre las Juntas de Sevilla y de Granada, se perdió un tiempo maravilloso.

En lo que respecta al bando francés, tras esta derrota, Napoleón decidirá capitanear personalmente el ejército que debía conquistar España, y así el 20 de enero de 1810, los franceses entran finalmente en Bailén, vengándose de su anterior derrota. Las vejaciones y los ultrajes que sufrieron sus habitantes por parte del invasor son casi inimaginables, pero esa es otra parte, mucho más negra si cabe, de la Historia de España.

El equipo de Hispagenda