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CONVIVENCIA VIOLENTA

La antropóloga Leonor Walker dedicó más de treinta años a la investigación de la violencia contra las mujeres. Desarrolló la teoría del “Ciclo de la Violencia” en 1979 y la expuso en su trabajo “Las mujeres maltratadas” (The Battered Women). Con esta teoría aportó un instrumento muy útil para entender la resignación de las víctimas y sus dificultades para romper con su agresor. Walker estableció diferentes fases:

Fase de Tensión–Acumulación: se caracteriza por una escalada gradual de la tensión que se manifiesta en actos que aumentan los roces y los conflictos en la pareja. El hombre maltratador empieza a mostrarse tenso e irritable, cualquier comportamiento de la mujer provoca en él una reacción de enfado.

La víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible, encontrando motivos de conflicto en cada situación. Intenta calmar a su agresor, se muestra comprensiva, trata de ayudarle haciéndole razonar o mantiene silencio para que se calme. Intenta ser agradable, pasiva y se esfuerza por hacer las cosas como al agresor le complacen. La acumulación de tensión comienza a traducirse en episodios de abuso verbal y subidas de tono cada vez más frecuentes. Esto da paso a la fase siguiente.

Fase de Explosión Violenta: la tensión acumulada genera un estado de rabia descontrolada, con episodios de abuso físico y sexual. Como el nombre de esta fase lo indica, el agresor acaba explotando, pierde el control. Abusa de su pareja sometiéndola a agresiones físicas y sexuales, humillaciones, amenazas y, a menudo, rompe o destruye pertenencias, por lo general valiosas para la víctima.

Esta se siente desamparada, se ve en la necesidad de protegerse de quien hasta entonces confiaba, se siente aterrorizada, queda terriblemente herida, el dolor la paraliza, entra en un estado de indefensión y no reacciona razonablemente.

Ciclo violenciaFase de Luna de Miel: se caracteriza por la ausencia de tensión o violencia. En apariencia se produce una catarsis y se pasa de la rabia descontrolada al remordimiento y la docilidad. El agresor intenta ser perdonado a través de regalos y consideraciones, se muestra amable. Es decir, parece muy arrepentido de su conducta, promete cambiar. En apariencia, durante esta fase se convierte en el hombre más “encantador” del mundo, le lleva el desayuno a la cama, le cura las heridas, incluso se hace cargo de las tareas domésticas, le cede todo el poder a ella.

La víctima, aliviada por el cese de la agresión, le cree o quiere creerle, y carga con la responsabilidad de la continuidad de la relación de pareja. Su sentimiento de culpabilidad impide que abandone al agresor. Pero esta fase es cada vez más breve, llegando finalmente a desaparecer.

De esta forma se reanuda el ciclo. A la agresión le siguen las expresiones de arrepentimiento y la ilusión del cambio. Esta situación puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la víctima.

Las primeras reacciones de la víctima ante hechos de maltrato físico o psicológico se caracterizan por sentimientos de humillación, vergüenza, preocupación y miedo. Estos facilitan que el problema quede oculto. Con el paso de los años se produce una pérdida de control, así como una confusión y culpabilidad que en muchas ocasiones, y con la coraza del enamoramiento, dificultan que la víctima se reconozca como tal.

Es necesario comprender que cuando se produce el maltrato físic,o antes ha existido, durante mucho tiempo, maltrato psicológico basado en el control y el poder sobre la víctima. Para ello se utiilizan diferentes estrategias:

  1. Ciclo violenciaAmenazas: amenazar con quitarle los hijos, dejarla, agredirla, acusarla de abandono de hogar, amenazar con matarla o con suicidarse… Todo ello hace sentir a la mujer emocionalmente herida.
  2. Intimidación: no sólo se produce con insultos o frases hirientes que producen temor, también puede asociarse con la comunicación no verbal, con conductas y actitudes que infunden miedo. Son conductas que a menudo las mujeres no cuentan o que son difíciles de relatar y que son fundamentales para entender el contexto en el que se dan otras manifestaciones de violencia verbal. La intimidación pretende atemorizar a la mujer por medio de gestos, miradas, gritos… A menudo le arroja objetos, destruye sus pertenencias afectivas.
  3. Abuso emocional: ridiculizar a la mujer para que se sienta mal consigo misma, hacerle pensar que está loca, utilizar juegos mentales y/o psicológicos que hacen que la víctima dude de lo que está viviendo.
  4. Aislamiento: controlar lo que ella hace, con quién se relaciona, qué lee, a dónde va… utilizando los celos para justificar acciones.
  5. Negar, culpar, desvalorizar: relativizar el abuso sin tomar los intereses de la víctima en serio, negar que este haya ocurrido, culpar a la víctima de causar el comportamiento agresivo. Muchas veces quien agrede justifica la violencia por la conducta de la víctima.
  6. Utilización de los hijos: hacerle sentirse culpable de lo que le suceda a los hijos, utilizarlos para transmitirle mensajes, utilizar las visitas a los hijos como una manera de hostigarla.
  7. Privilegio de ser hombre: tratar a la mujer como sirviente, tomar las decisiones “importantes” sin consultarla, actuar como “el rey” de la casa.
  8. Control económico: tratar de evitar que la mujer consiga trabajo o mantenga el que tiene, hacer que la mujer pida dinero, asignarle una mensualidad, quedarse con su dinero. Hostigarla en el trabajo hasta que ella renuncia.

Leonor Walker afirma que “cuando una mujer ha sufrido abusos serios, se encuentra en una situación en la que es difícil ganar”. El acoso, el miedo a la reacción violenta, incluso el miedo a la libertad, es una constante en las víctimas.

El termino Indefensión Aprendida (M. Seligman, psicólogo norteamericano) se basa en una serie de experimentos de laboratorio con perros, sin embargo, explica lo que le pasa a las víctimas de maltrato. La premisa básica de la indefensión aprendida postula que cuando las personas son expuestas a experiencias en las que las consecuencias son independientes de todas sus respuestas voluntarias, aprenden que las consecuencias son, de hecho, incontrolables, aprendizaje que lleva a formar la expectativa de que en el futuro tampoco habrá relación entre las acciones. La víctima toma como una verdad absoluta el hecho de que “haga lo que haga, nada va a cambiar”, limitando de esta forma la acción.

Cuando hablamos de personalidades violentas, entendiendo esto como personas que habitualmente presentan conductas violentas contra seres vivos u objetos, es necesario considerar múltiples aspectos que condicionan, en mayor o menor medida, el comportamiento agresivo y violento:

  1. Los rasgos de personalidad tales como hostilidad, impaciencia, impulsividad, inestabilidad emocional, frialdad afectiva, falta de empatía… representan disposiciones estables a lo largo del tiempo;
  2. El funcionamiento cognitivo-afectivo relacionado con el mundo interno del individuo y la forma que en que este interpreta y se relaciona con el mundo externo;
  3. El proceso de socialización y las experiencias vividas en la vida;
  4. Las condiciones estimulantes que facilitan los actos violentos (consumo de drogas, alcohol…).

Si bien es necesario la consideración de estos elementos para una completa compresión de la conducta violenta, también es cierto que dada su complejidad, resulta extremadamente difícil establecer una clasificación de los estilos de personalidad.

En el caso de los hombres maltratadores, estos suelen presentar numerosos sesgos cognitivos, relacionados, por una parte, con creencias equivocadas sobre los roles sexuales y la integridad de las mujeres, con ideas distorsionadas sobre la legitimación de la violencia como forma de resolver los conflictos. Suelen ser hombres sensibles a las frustraciones, presentan unas habilidades comunicativas muy limitadas y carecen de estrategias adecuadas para solucionar los problemas. Todo ello, contribuye a que en muchas ocasiones los conflictos y los contratiempos cotidianos actúen como desencadenantes de los episodios violentos contra la pareja. Los hombres violentos, sobre todo, cuando tiene una baja autoestima, tienden a valorar las situaciones como amenazantes.

La inhibición de los sentimientos y la percepción distorsionada de la realidad pueden conducir a conflictos, que al no saber resolverse de otra manera, se expresan de forma violenta.

  • Es excesivamente celoso.
  • Es obsesivo.
  • Se irrita fácilmente cuando se le ponen límites.
  • No controla sus impulsos.
  • Bebe alcohol en exceso.
  • Culpa a otros de sus problemas.
  • Experimenta cambios bruscos de humor.
  • Comete actos de violencia y rompe cosas cuando se enoja.
  • Cree que la mujer debe estar siempre subordinada al hombre.
  • Ha maltratado a otras mujeres
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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