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IMPACTO EN LA SALUD

La relación entre la violencia y la mala salud de la mujer es un tema de preocupación creciente. El informe de la OMS sobre Violencia y Salud 2002, confirma que existe una clara relación entre la violencia doméstica y la mala salud de la mujer. Según este informe, las violaciones y la violencia doméstica representan entre el 5% y 16% de años de vida saludable que pierden las mujeres en edad fecunda.

Las consecuencias de la violencia en la salud de la mujer se observan tanto en lo inmediato de la agresión, como a mediano y a largo plazo (ver consecuencias →). De hecho, hoy sabemos que los efectos de la violencia a nivel físico, psicológico, y social, pueden persistir mucho tiempo después que la experiencia violenta haya finalizado. Un dato importante que surge de un estudio muti-país que realizó la OMS en 2005, es que las mujeres que están expuestas o han estado expuestas a la violencia, utilizan mucho más los servicios de salud, y esto es, a causa de lesiones directas, a causa de discapacidades permanentes, incluso de mutilaciones, pero sobretodo y mayoritariamente a causa del daño producido por el estrés crónico. En general la historia clínica de las víctimas, si tienen acceso a los servicios de salud, es larga (emergencias, traumatología, ginecología, psiquiatría, etc; ) y los daños a nivel de la salud mental, de la salud sexual y de la salud reproductiva multiplican el sufrimiento.

SALUD MENTAL:

La afectación de la salud mental de las víctimas es uno de los hallazgos más frecuentes, sin embargo, vivir violencia no es una enfermedad, pero puede enfermar, tanto como el hecho de estar expuesto en forma permanente a un agente patógeno. Un hecho relevante, es la constatación de que la violencia psicológica en el seno de una relación, es una condición inherente a todo otro acto de violencia. Hoy los investigadores comienzan a analizar en detalle los mecanismos por los cuales toda violencia es posible: humillar, atacar la identidad, aislar, frustrar, controlar, acosar, amenazar, invertir la culpabilidad, chantaje, etc. Todo este arsenal psicológico permite explicar porque una mujer que físicamente puede sufrir una lesión leve, se encuentra aterrorizada, o evidencie un cuadro de estrés post traumático, tal como las víctimas de guerra. La violencia puede ser la causa de trastornos graves y de un deterioro progresivo de la calidad de vida, tanto que es entre dos y tres veces más probable que las mujeres afectadas piensen en suicidarse, en comparación a las mujeres que no han sufrido violencia, aún cuando la violencia haya cesado, y esto es parte de los efectos a largo plazo.

SALUD SEXUAL

La salud sexual puede estar doblemente comprometida, ya sea por efecto de la agresión sexual, como por los comportamientos de dominación que limitan la autonomía de la mujer en la toma de decisiones sobre su cuerpo. Las consecuencias inmediatas de la violencia sexual son el trauma físico, el trauma psicológico, el contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS/VIH) y el riesgo de embarazo no deseado. Las consecuencias a largo plazo más importantes son las secuelas de ITS/SIDA, el aborto en condiciones inseguras, hij@s no deseados.

Contrariamente a lo que se piensa, la violencia sexual es más frecuente en la relación de pareja, que por el ataque de un desconocido. El mecanismo más común es por “consentimiento defensivo” esto es, cuando la mujer accede a mantener relaciones o practicas sexuales contra su voluntad, con el objetivo de protegerse de daños mayores, para evitar una golpiza, o para proteger a los niños. Las victimas que conviven en una relación violenta, revelan que frecuentemente acceden a mantener relaciones sexuales como una manera de detener el maltrato. Las mujeres en general no la denuncian, pero la experiencia clínica revela que en la gran mayoría de los casos la violencia conyugal tiene como escenario privilegiado la vida sexual de la pareja, por dominación, por chantaje y por humillación. Es necesario tener claro que toda forma de violencia sexual, constituye siempre un traumatismo psíquico mayor al que hay que atender prioritariamente.

SALUD REPRODUCTIVA Y PERINATAL

Un capítulo importante es el de la Salud Reproductiva y Perinatal. Actualmente existen estudios contradictorios sobre si la condición del embarazo protege o hace más vulnerable a la mujer de sufrir violencia. Por un lado, las mujeres que ya sufrían violencia afirman que durante el embarazo el maltrato fue igual o menor. Por otro lado, entre un 13% y un 50% de las mujeres afirman haber sido golpeadas por primera vez durante el embarazo. En todo caso, hay evidencias de maltrato grave durante el embarazo, responsable de complicaciones obstétricas graves, tales que amenaza de aborto por agresión en el abdomen, parto prematuro, muerte fetal, bajo peso al nacer. Después del nacimiento, la violencia doméstica constituye un contexto de alto riesgo psicosocial para el recién nacido: ya sea por efecto directo de la violencia, o por el estado de salud materna, trastorno depresivo mayor, ansiedad generalizada, etc.

PROTOCOLO COMÚN PARA LA ACTUACIÓN SANITARIA ANTE VIOLENCIA DE GÉNERO
Ministerio de Sanidad y Consumo, España 2007

Con esta situación a nivel sanitario, los equipos de salud cobraran una importancia capital. En primer lugar, porque si la violencia no es identificada, el diagnóstico y tratamiento pueden ser equivocados, ya que las decisiones relativas a la salud de las pacientes: lesiones, anticonceptivos, ITS\VIH-SIDA, depresión, adicciones, sexualidad traumática, generalmente están vinculadas con la violencia. En segundo lugar, porque una gran mayoría de mujeres que sufren violencia reportan su situación por primera vez en su vida a personal de salud, y cada vez más los equipos de salud operan como agentes calificados para intervenir cuando la violencia se sospecha, se presenta o se intuye. A nivel institucional, los ministerios de sanidad de varios países han elaborado pautas comunes de actuación en atención primaria, actuación en urgencias, y actuación ante agresiones sexuales, para trabajar conjuntamente con otros sectores como la justicia y la policía.

Como ejemplo, según el Protocolo común para la actuación sanitaria ante la violencia de género elaborado por el MINISTERIO DE SANIDAD Y CONSUMO español, una mujer víctima de violencia sexual debe recibir siempre, los siguientes cuidados:

  • Traumatismos físicos: tratar las heridas y efectuar prevención de infección de las mismas y, si precisa, hacer profilaxis del tétanos.
  • Traumatismos psicológicos: en general es derivar con carácter preferente a la mujer a una consulta de psiquiatría o psicología. En general, las mujeres que han sufrido una agresión sexual tienen sentimientos de ansiedad, culpa, humillación, vergüenza, que requieren ayuda.
  • Debe utilizarse tratamiento preventivo para la gonococia, clamidia y sífilis en posible incubación.
  • La necesidad de profilaxis contra el VIH: El riesgo de transmisión del VIH puede ser elevado si el agresor es VIH+, padece otras infecciones de transmisión sexual y hubo eyaculación. Considerar la profilaxis siguiendo las recomendaciones sobre profilaxis postexposición no ocupacional.
  • La necesidad de profilaxis frente al virus de la Hepatitis B se valorará individualmente.
  • En el caso en que la mujer esté utilizando un método anticonceptivo efectivo no será necesaria la profilaxis.
  • Contracepción postcoital hormonal, si han transcurrido menos de 72 h. desde la agresión.
  • Si han transcurrido entre 72 h. y menos de 5 días de la agresión el procedimiento anterior no se considera eficaz y se debe proceder a la colocación de un DIU.
  • Confirmar la próxima regla o realizar una prueba de embarazo a las 2-3 semanas.
  • Informar a la mujer que en el caso de embarazo puede optar a su interrupción según los supuestos legales.
  • La agresión sexual es un delito y la mujer tiene derecho a denunciarlo.
  • Analizar con ella las repercusiones en salud física y emocional.
  • Informarle de que la legislación protege sus derechos e integridad y de que si desea puede solicitar una Orden de Protección.
  • Informarle de la red de recursos y dispositivos sociales (preferiblemente por escrito) para la atención a las mujeres que sufren violencia de género, según estén organizados en su CC.AA. o provincia.

COSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA EN LA SALUD DE LA MUJER

  • Muerte (por homicidio, suicidio, etc.)
  • Lesiones diversas: contusiones, traumatismos, heridas, quemaduras,... que pueden producir discapacidad.
  • Deterioro funcional
  • Síntomas físicos inespecíficos (por ejemplo cefaleas)
  • Peor salud
  • Dolor crónico
  • Síndrome del intestino irritable
  • Otros trastornos gastrointestinales
  • Quejas somáticas
  • Por relaciones sexuales forzadas: pérdida de deseo sexual, trastornos menstruales, enfermedades de transmisión sexual incluido el VIH/SIDA, sangrado y fibrosis vaginal, dispareunia, dolor pélvico crónico, infección urinaria, embarazo no deseado…
  • Por maltrato durante el embarazo: hemorragia vaginal, amenaza de aborto, muerte fetal, parto prematuro, bajo peso al nacer...
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Trastornos del sueño
  • Trastorno por estrés postraumático
  • Trastornos de la conducta alimentaria
  • Intento de suicidio
  • Abuso de alcohol, drogas y psicofármacos
  • Aislamiento social
  • Pérdida de empleo
  • Absentismo laboral
  • Disminución del número de días de vida saludable
  • Riesgo de alteración de su desarrollo integral
  • Sentimientos de amenaza
  • Dificultades de aprendizaje y socialización
  • Adopción de comportamientos de sumisión o violencia con sus compañeros y compañeras
  • Mayor frecuencia de enfermedades psicosomáticas
  • Con frecuencia son víctimas de maltrato por parte del padre
  • Violencia transgeneracional con alta tolerancia a situaciones de violencia
  • La violencia puede también afectar a otras personas dependientes de la mujer y que convivan con ella

Nota:
Esta sección tiene carácter meramente informativo y de servicio al ciudadano.
El contenido de los sitios a los que se puede acceder desde aquí es responsabilidad de sus autores.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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