La OMS (Organización
Mundial de la Salud) define la Violencia como: “El uso intencional de
la fuerza física o del poder contra uno mismo, contra otra persona,
grupos o comunidades, que tiene como consecuencias probables: lesiones físicas,
daños psicológicos, alteraciones del desarrollo, abandono e
incluso la muerte.” La OMS incluye la intencionalidad de producir daño
en la realización de estos actos.
El estudio de las causas de la violencia doméstica es complejo y
en él influyen diversos factores como son las actitudes socioculturales
(desigualdades de género), las condiciones sociales, las relaciones
conyugales, los conflictos familiares y los aspectos biográficos (como
personalidad e historia de abusos y de violencia en la familia de origen).
Algunas situaciones ancladas en la tradición y la cultura de muchas
sociedades durante siglos se han relacionado con la violencia específica
contra la mujer. Algunas de estas son: las relaciones de sumisión y
dependencia de la mujer respecto al hombre; la justificación de la
violencia masculina y su tolerancia por la sociedad, incluso por la mujer;
los estereotipos sexuales; y la limitación del rol asignado a la mujer
a nivel social. Esto puede explicar, en parte, la violencia infligida a la
mujer a través de los tiempos.
Los cambios sociales de las últimas décadas respecto al papel
de la mujer, tanto en el ámbito privado como en el público,
hacia una relación más igualitaria entre hombre y mujer, han
hecho posible que el problema de la violencia doméstica haya salido
a la luz. Por otra parte, en ocasiones, la no aceptación de estos cambios
por el hombre y el ver peligrar lo que para algunos era vivido como privilegio,
ha podido favorecer la aparición de violencia. |